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¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON NUESTRO TIEMPO LIBRE?

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¡Muy buenos días en este día 2 de noviembre!

¿Qué tal fue ayer el día de los muertos?

Últimamente le doy bastantes vueltas a un tema: cómo han cambiado nuestra forma de relacionarnos, de divertirnos y hasta de descansar las redes sociales y los videojuegos. Vamos a hablar un poquito sobre ello.

Y ojo, que no estoy en contra de la tecnología. Los que me conocéis sabéis que me gusta. Al contrario, creo que nos ofrece posibilidades increíbles. Los videojuegos pueden entretener, enseñar y fomentar habilidades; las redes sociales nos permiten conectar, aprender y compartir. El problema, como casi siempre, aparece cuando dejamos de elegir cómo utilizarlas y empezamos a utilizarlas por inercia.

Pensemos un momento en nuestros hijos… ¿Qué hacen cuando llegan a casa? ¿Y nosotros, qué hacemos cuando tenemos cinco minutos libres? Muchas veces, casi sin darnos cuenta, cogemos el móvil. Esperamos mientras cargamos una página, estamos en el autobús, nos sentamos en el sofá o incluso estamos con otras personas. Y ahí está la pantalla.

¿Significa eso que estamos haciendo algo mal? No necesariamente. Pero quizá merece la pena preguntarnos si estamos dejando espacio para otras cosas.

Salir a la calle, practicar deporte, aburrirse un rato, quedar con los amigos, leer, jugar en familia o simplemente mantener una conversación sin mirar el móvil también forman parte de una vida saludable.

Y hay algo que me preocupa especialmente cuando hablamos de niños y adolescentes: que el ocio termine reduciéndose casi exclusivamente al mundo digital. No porque jugar a videojuegos o utilizar las redes sea malo en sí mismo, sino porque necesitamos variedad, movimiento, descanso y relaciones que vayan más allá de una pantalla.

También debemos hablar de salud. Dormir poco por quedarse jugando, compararse constantemente con lo que otros publican, sentir la necesidad de estar siempre conectado o enfadarse cuando toca apagar la consola son situaciones que conviene observar. No para etiquetar ni dramatizar, sino para entender qué está pasando y actuar a tiempo. Equilibrio en nuestro tiempo libre

Y aquí los adultos tenemos mucho que decir. Y hacer, porque nuestros niños nos copian, nos imitan para aprender. Porque no podemos pedir a nuestros hijos que desconecten mientras nosotros contestamos mensajes en mitad de una conversación familiar. Educar también consiste en dar ejemplo.

Yo no quiero que los niños crezcan alejados de la tecnología. Quiero que aprendan a disfrutarla sin depender de ella, que sepan aprovechar sus ventajas y que descubran que fuera de la pantalla también pasan cosas maravillosas.

Quizá el reto no sea conseguir que nuestros hijos pasen menos tiempo conectados a toda costa, sino ayudarles a construir un tiempo libre tan variado, atractivo y saludable que la pantalla no tenga que ocuparlo todo.

Y te lanzo una pregunta: si mañana desaparecieran durante una semana las redes sociales y los videojuegos, ¿sabríamos qué hacer con todo ese tiempo libre? ¿Y nuestros hijos?

Creo que merece la pena pensarlo.

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