En los últimos meses se ha vuelto habitual ver a niños y niñas en el parque llevando relojes inteligentes de colores llamativos. A simple vista parecen juguetes modernos con juegos, cámara y contador de pasos. Sin embargo, su función principal es otra: cuentan con geolocalización por GPS en tiempo real, botón de SOS y la posibilidad de realizar llamadas directas a números autorizados.
La duda surge al analizar la verdadera motivación de esta tendencia. ¿Se trata de un dispositivo pensado para la autonomía infantil o es una herramienta diseñada para aliviar la ansiedad de los adultos?
Por un lado, estos dispositivos ofrecen un margen de seguridad controlado. Permiten que los más pequeños empiecen a hacer pequeños recados o a jugar con mayor libertad sin la necesidad de entregarles un teléfono móvil completo con acceso abierto a internet y redes sociales.
Por otro lado, existe un debate abierto sobre si el rastreo constante limita el desarrollo de la responsabilidad individual y la confianza mutua. Saber en todo momento dónde está un hijo proporciona calma inmediata a la familia, pero conviene reflexionar si ese seguimiento continuo condiciona la percepción del niño sobre su propio entorno y su capacidad para desenvolverse de forma autónoma.
¿Tú qué opinas?
¿Has probado alguno?